La ruta del oro de Crucitas: así opera la minería ilegal que desafía a Costa Rica
Cada madrugada, cuando la selva aún permanece en silencio, pequeñas embarcaciones comienzan a surcar el río San Juan.
La ruta del oro de Crucitas: así opera la minería ilegal que desafía a Costa Rica
A bordo viajan hombres cargando palas, bombas de extracción, combustible, radios de comunicación, drones, alimentos y, según las autoridades costarricenses, incluso armas de fuego. Su destino es Crucitas y el cerro Las Conchuditas, en Cutris de San Carlos, una de las zonas con mayor riqueza aurífera del país.
Lo hacen casi todos los días.
Las estimaciones de la Presidencia de la República señalan que entre 3.000 y 5.000 personas participan actualmente en la extracción ilegal de oro en esta región fronteriza, la mayoría provenientes de Nicaragua.
La dimensión de este fenómeno quedó documentada en la investigación «Cómo Nicaragua y China saquean el oro de la selva costarricense», del periodista Fabián Medina Sánchez, publicada por Infobae. El trabajo expone cómo la minería ilegal en Crucitas ha evolucionado de una actividad artesanal a una estructura con logística, financiamiento y organización cada vez más sofisticados.
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El río que facilita la entrada… y dificulta la persecución
La respuesta comienza en el río San Juan.
Aunque funciona como frontera natural entre Costa Rica y Nicaragua, la soberanía sobre el río corresponde al Estado nicaragüense. Costa Rica mantiene derechos de navegación para fines específicos establecidos en tratados internacionales, pero enfrenta restricciones para realizar patrullajes armados y operaciones policiales sobre esas aguas.
Esa condición representa una importante ventaja para quienes participan en la minería ilegal.
Mientras los coligalleros llegan por vía fluvial hasta las cercanías de los puntos de extracción, la Fuerza Pública debe ingresar por tierra. En algunos sectores, los oficiales recorren varias horas por caminos de difícil acceso y senderos en medio de la montaña antes de llegar a los campamentos clandestinos.
Para entonces, muchas veces los responsables ya han sido alertados mediante radios de comunicación o aplicaciones de mensajería y han regresado a Nicaragua utilizando nuevamente el río como ruta de escape.
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Una operación que dejó de ser artesanal
La investigación revela que la minería ilegal en Crucitas ha cambiado significativamente en los últimos años.
Los campamentos ya no operan únicamente con picos y palas. Según las fuentes consultadas por Infobae, la actividad incorpora drones para vigilancia, radios de comunicación, plantas eléctricas de gran capacidad y sustancias químicas como cianuro, carbón activado, soda cáustica y ácido clorhídrico para recuperar una mayor cantidad de oro.
Especialistas consultados consideran que estos métodos corresponden a procesos semiindustriales que requieren inversiones y una logística muy superior a la de la minería artesanal tradicional.


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El oro no se queda en Costa Rica
De acuerdo con la investigación, el oro extraído en Crucitas no permanecería en territorio costarricense.
La organización ambiental Fundación del Río, que durante años ha dado seguimiento a la actividad minera en la frontera, sostiene que buena parte del material aurífero sería trasladado hacia campamentos ubicados en Nicaragua, donde presuntamente se procesa antes de ingresar al mercado internacional.
Entre los sitios mencionados figura el sector de Las Cruces, señalado como uno de los puntos donde se recibiría el material extraído para su procesamiento y posterior comercialización.
Los señalamientos sobre empresas de capital chino
Otro de los aspectos abordados por la investigación corresponde a las declaraciones del entonces ministro de Seguridad Pública, Mario Zamora, quien durante una comparecencia en la Asamblea Legislativa afirmó que empresas de capital chino instaladas en Nicaragua estarían adquiriendo material aurífero procedente de Crucitas para procesarlo con tecnología de mayor rendimiento.
La embajadora de China en Costa Rica, Wang Xiaoyao, rechazó esos señalamientos y aseguró que no existen pruebas que vinculen a empresas chinas con actividades ilegales, además de reiterar que estas deben respetar la legislación de los países donde operan.
Por su parte, la Fundación del Río sostiene haber identificado vínculos entre una de las compañías señaladas y un grupo empresarial minero registrado en Hong Kong, una afirmación que no ha sido reconocida por las autoridades chinas.
Sin embargo, esas afirmaciones fueron rechazadas por la embajadora de China en Costa Rica, Wang Xiaoyao, quien aseguró que no existían elementos que respaldaran esas acusaciones y reiteró que las empresas chinas deben cumplir la legislación de los países donde operan.
Por su parte, la Fundación del Río sostiene haber identificado vínculos entre una de las compañías señaladas y un grupo empresarial minero registrado en Hong Kong, una versión que no ha sido reconocida por las autoridades chinas.

La creciente crisis provocada por la minería ilegal en Crucitas motivó un encuentro bilateral de emergencia entre Costa Rica y Nicaragua.
La reunión se llevó a cabo el 28 de febrero de 2026 en Peñas Blancas, territorio nicaragüense, donde el entonces ministro de Seguridad Pública, Mario Zamora Cordero, y en su momento el canciller de Costa Rica, Arnoldo André Tinoco, se reunieron con las principales autoridades de seguridad y defensa del vecino país para coordinar acciones frente al ingreso de coligalleros, el tráfico ilegal de oro y otros delitos que afectan la zona fronteriza.
Sin embargo, estaba prevista una segunda reunión que, hasta la fecha, no se ha realizado.
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Una factura millonaria para Costa Rica
Las consecuencias van mucho más allá de la pérdida del oro.
Las autoridades costarricenses estiman que la extracción ilegal mueve alrededor de 250 millones de dólares al año, mientras el Estado destina aproximadamente un millón de dólares mensuales para mantener operativos policiales permanentes en la zona.
A ello se suma el impacto ambiental provocado por la deforestación, la remoción de grandes cantidades de tierra y el uso de sustancias químicas en una de las regiones con mayor biodiversidad del país.
En los últimos meses la Fuerza Pública ha destruido campamentos clandestinos, decomisado cientos de toneladas de sedimentos auríferos y detenido a decenas de personas vinculadas con esta actividad.


Un problema que sigue creciendo
Pese al incremento de los operativos, la minería ilegal continúa expandiéndose.
El Gobierno impulsa proyectos para endurecer las penas e incluso tipificar esta actividad como crimen organizado, mientras también se discute la posibilidad de crear un régimen especial que permita la explotación legal del oro en Crucitas bajo estrictos controles ambientales.
La presidente de la República, Laura Fernández realizó una gira a Crucitas con varios diputados para ver el desastre ambiental que avanza a pasos agigantados.

Sin embargo, diversos especialistas advierten que ninguna medida será suficiente si no existe una estrategia coordinada entre Costa Rica y Nicaragua para controlar una frontera donde el río San Juan continúa siendo la principal vía de ingreso y salida de quienes buscan aprovechar la riqueza del subsuelo costarricense.
Mientras tanto, cada amanecer la escena vuelve a repetirse.
Las embarcaciones aparecen nuevamente sobre el río, los campamentos se reactivan en medio de la selva y la llamada «fiebre del oro» mantiene abierto uno de los mayores desafíos de seguridad, soberanía y protección ambiental que enfrenta Costa Rica.

Nota de la Redacción: Este trabajo fue elaborado por El Guardián a partir de la investigación periodística «Cómo Nicaragua y China saquean el oro de la selva costarricense», del periodista Fabián Medina Sánchez, publicada por Infobae, complementando y reorganizando la información para ofrecer una síntesis periodística dirigida al público costarricense.















