¡Mañana lo hago! el mal de muchos

La procrastinación en nuestro día a día.

(Por MSc. Jacqueline Pérez Navarro, ElGuardian.cr) –  Aplazar para mañana eso que se tenía que hacer hoy, retrasar un poco más esa tarea que aún está a medias, dejar pendiente ese correo importante… Esos son tres pequeños ejemplos de procrastinación, el cual es el hábito de posponer las actividades importantes para dedicar el tiempo a tareas más entretenidas, pero menos relevantes.

Ahora bien, es verdad que en algún momento se puede retrasar alguna gestión importante la cual tiene fecha para entregar, pero, siempre hay un instante en que se toma consciencia de la responsabilidad y se ejecuta el trabajo sin consecuencias de atraso.

Esta situación alcanza otro nivel cuando la costumbre de postergar se convierte en hábito, ya sea en el trabajo, la vida social y personal.

Generando frustración, la cual provoca inseguridades, sentimientos de inferioridad y sentimientos de incapacidad al no cumplir con obligaciones y objetivos fijados. Los demás pueden interpretar esto como signo de desinterés, pereza, falta de iniciativa y ambición, estigmatizando al sujeto que presenta este comportamiento como poco productivo.

Causas de la procrastinación.

Puede pasar que se tiene que entregar algo importante el fin de semana, pero las horas del sábado pasan muy rápido y al llegar el domingo por la noche, surge el malestar mental, el dolor de estómago y la preocupación, ya que se acaba el tiempo para el entregable. Pero ¿qué hay detrás de este tipo de comportamiento?

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Detrás de la procrastinación pueden existir factores que van más allá de la mala gestión del tiempo. Según estudios realizados en la Universidad Carleton, Ottawa, Canadá, señalan lo siguiente:

La procrastinación tiene poco que ver con la mala gestión del tiempo. En ocasiones, se evita hacer algo porque resulta desagradable o incómodo (tener que pedirle algo al jefe, por ejemplo). Sin embargo, esta realidad casi siempre se relaciona con dimensiones más profundas:

  • Baja autoestima.
  • Ansiedad y estrés.

Según Tim Pychyl, profesor de Psicología y miembro del Grupo de Investigación sobre Procrastinación en la Universidad Carleton, Ottawa, Canadá.

“Los pensamientos que tenemos sobre procrastinación suelen exacerbar nuestra angustia y estrés, lo que contribuye a todavía más procrastinación… No obstante, el alivio temporal que sentimos cuando procrastinamos es lo que realmente hace muy vicioso el círculo. En el presente inmediato, suspender una tarea brinda alivio –“has sido recompensado por procrastinar”.

Pueden existir numerosos motivos y factores que colaboran a procrastinar:

  • Asociar la tarea o acción a consecuencias negativas, por ejemplo: el miedo a fracasar.
  • Falta de experiencia, conocimiento, calificaciones o criterio para realizar bien la tarea.
  • Tener la creencia de trabajar mejor bajo presión.
  • Falta de motivación y no dar la importancia adecuada a esta tarea.
  • Problemas de comunicación, habilidades sociales, etc.
  • Puede ser un síntoma de algún trastorno psicológico como, por ejemplo, TDAH o depresión.
  • Sentirse saturado o sensación de agobio por falta de capacidad de establecer prioridades y por eso tener una acumulación de trabajo que puede producir ansiedad.
  • Falta de autodisciplina y motivación.
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¿Qué se puede hacer para manejar este tipo de situaciones?

La Universidad de Harvard, Estados Unidos, publicó una lista de recomendaciones para reducir la procrastinación.

  1. Visualizar lo bueno que será hacerlo: Imaginar la satisfacción de que la tarea ya esté terminada y la tranquilidad que se sentirá en ese momento.
  2. Contar a los demás lo que se va a hacer: Cuando alguien le dice a otra persona que va a hacer algo, se crea un compromiso a sí mismo que lo motiva a cumplir con la tarea “prometida”, debido a que el sistema de recompensas del cerebro valora mucho la posición social.
  3. Evaluar los perjuicios de la inacción: Pensar en los posibles efectos negativos de una demora.
  4. Identificar el primer paso: Se debe saber cuál es ese primer paso para sacar la tarea. Una vez que se sabe, es más simple pensar luego en el segundo, y después en el tercero. Pensar solo en el objetivo completo puede bloquear y contribuir con la procrastinación, pero si se piensa en metas pequeñas es más fácil avanzar.
  5. Darse pequeños premios por cada avance: Si cada meta alcanzada se vive como un logro, y se permite una pequeña recompensa por él, el avance se torna más placentero y menos probable caer en la tentación de posponerlo.
  6. Eliminar el “bloqueo oculto”: Si, a pesar de las recomendaciones anteriores, sigue existiendo algo que dificulta la acción, indagar en sí mismo hasta identificarlo y poder trabajarlo.
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La procrastinación tiende a estar muy arraigada en el cerebro humano, y se puede sufrir en todas las etapas de la vida, por eso se tiene que analizar en qué momento se da para corregir y evitar consecuencias muy dañinas.

Redacción

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