Familias que duelen; Familias disfuncionales o “toxicas”.

(Por MSc. Jacqueline Pérez Navarro, para El Guardian) – La familia es de las instituciones sociales más importantes, ya que constituye el núcleo esencial de socialización de las personas. Además, no solo es importante en la niñez para fomentar la educación y el aprendizaje, también genera una serie de hábitos y dinámicas que son de gran interés a lo largo de la vida.

Existen muchas formas de familias: Familias numerosas, de solo dos integrantes, familias estructuradas, desestructuradas, felices, apáticas y violentas. Las hay democráticas, autoritarias, abiertas, liberales y también cerradas e impermeables. El vínculo familiar que se establece entre sus miembros es clave e influirá en la personalidad, las creencias y la salud mental del individuo.

Pilares en los que se sustenta el engranaje de las familias disfuncionales.

Dinámicas afectivas coercitivas: Una total ausencia de la individualidad, no se respeta el espacio vital de sus miembros y estos pueden tomar actitudes extremas de sobreprotección o de agresión, lo cual incapacita para el desarrollo afectivo-social saludable. Son uniones basadas en la obligación, y como objetivo único, que los vulnerables satisfagan las necesidades de los que tienen el poder.

La sobreprotección: Ausencia de autonomía y libertad, por lo que genera gran dependencia y daño emocional. Las personas sobreprotectoras hacen dependientes a los sobreprotegidos y mantienen controlada su vida en todos los aspectos. Esto es, en cierto modo manipulación.

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Comunicación deteriorada: Evadir el abordaje de un problema es una de las características más comunes y dañinas. No hablar de los conflictos genera verdaderas bombas emocionales, las cuales cuando explotan generan la destrucción de todo bienestar, aunque este sea espejismo. Son familias que siempre procuran mirar hacia otro lado.

Límites difusos: Una falta de flexibilidad en todos los aspectos, también puede pasar una ausencia total y absoluta de límites, lo que puede producir la falta de regulación emocional de los miembros.

Conductas rígidas: Conductas y pensamientos sólidos y rígidos. Cada uno tiene su rol, si alguien intenta cambiarlo los demás no se lo permitirán. Son relaciones de dominación, donde los padres o cuidadores mandan, y los niños tienen que obedecer siempre.

Familias que duelen.

  • Rompe el equilibrio mental: Los problemas y conflictos dan ganas de salir corriendo de casa, rompen con todas las fuerzas para salir adelante.
  • Violencia: No hay tacto a la hora de decir las cosas, todas las conversaciones terminan en gritos, insultos y burlas. No importa lo que se haga, todo termina en reproches, insultos e incluso en golpes.
  • Desprotección e inseguridad: No hay protección, incluso se puede sentir que con la familia se corre peligro.
  • Peleas constantes: Cualquier tema o comportamiento es pretexto para pelear, no hay una comida tranquila, todas se basan en discusiones que no tienen fin.
  • No celebran triunfos y no están para el otro en sus fracasos: No hay apoyo, el éxito no lo celebran, no hay felicitaciones ni admiraciones y ante el fracaso no están presentes para ayudar a superarlo, menos para apoyar.
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Los hijos de las familias disfuncionales.

Las familias disfuncionales se basan en la búsqueda de satisfacer las necesidades y anhelos de los padres, dejando a sus propios hijos en un segundo plano. Este tipo de comportamientos resultan a largo plazo muy problemático, ya que generan heridas emocionales muy profundas.

  • Los niños pueden llegar a pensar que sus necesidades vitales son poco importantes, en comparación con la de sus padres o cuidadores. No creen merecer sentirse atendidos ni queridos. Crecen con carencias afectivas.
  • Se genera una gran dependencia. Necesitan ser aceptados y valorados por sus padres como sea. Por ese motivo dejan que les manipulen. Les afecta a su seguridad y su autoestima.
  • Pueden generar una gran frustración y enojo. Tienen la necesidad de expresar toda su ira, la cual es generada por la propia familia.

Siendo adultos es saludable aprender cómo frenar las relaciones que tanto daño hacen. ¿Pero cómo hacerlo?

La familia es impuesta y no se puede cambiar si no aporta estabilidad, seguridad, afectividad y tampoco se puede cambiar cuando quienes tienen más poder someten a los que tienen un papel más vulnerable dentro del núcleo familiar.

  • Límites: No depender de la aprobación de la familia y asumir las propias decisiones.
  • No intentar cambiara una persona “tóxica”: Es mejor priorizar el propio bienestar.
  • Distancia: Poner distancia física puede ayudar a recuperar el control de vida, en este proceso puede pasar que se tenga emociones difíciles de gestionar.
  • No perder el respeto: Afrontar los conflictos de un modo saludable y calmado, dejando enfriar los sentimientos para actuar sin herir a nadie.
  • Expresar sentimiento: En lugar de reprimir las emociones, buscar la manera de exteriorizarlas con una persona de confianza.
  • Red de apoyo: Pasar tiempo con personas que hagan sentir bien y que den afecto.
  • Acudir a un profesional en psicología que pueda acompañar y brindar herramientas en el proceso.
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En todas las familias existen personas “toxicas”, por lo cual se debe aprender a identificarlas, y protegernos de ellas. Una forma es aprender a poner los límites, es decir, marcar desde el inicio qué queremos y qué no de esa relación, y no permitir que nadie sobrepase esos límites, aunque sea alguno de los padres, la pareja, hermanos, abuelos… nadie.

Redacción

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