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El Niño fuerte podría reducir huracanes en 2026, pero mantiene riesgos

La temporada de huracanes del Atlántico de 2026 podría verse significativamente influenciada por la posible formación de un fenómeno de El Niño de gran intensidad, según proyecciones de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) y el International Research Institute for Climate and Society (IRI). Este escenario climático tendría efectos directos en la frecuencia e intensidad de las tormentas tropicales que impactan regiones como el Caribe, Centroamérica y la costa este del continente americano.

De acuerdo con el más reciente diagnóstico de la NOAA, la probabilidad de que El Niño se desarrolle entre junio y agosto de 2026 alcanza el 62%, mientras que algunos modelos internacionales elevan esta cifra hasta un 90% para un evento fuerte o muy fuerte. Este fenómeno, asociado al calentamiento de las aguas del Pacífico ecuatorial, altera los patrones atmosféricos globales y suele disminuir la actividad ciclónica en el Atlántico.

El Niño fuerte podría reducir huracanes en 2026, pero mantiene riesgos

Uno de los principales mecanismos que explican este comportamiento es el aumento de la cizalladura vertical del viento en zonas clave como el Caribe y el Golfo de México. Este factor dificulta la organización y fortalecimiento de tormentas tropicales. Según expertos de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), “la presencia de una cizalladura fuerte suele traducirse en temporadas menos activas en cuanto a número de tormentas y huracanes”.

Foto de Infobae

Para países como Costa Rica, este posible escenario representa un beneficio potencial, ya que una menor cantidad de ciclones podría traducirse en menos eventos extremos, reduciendo riesgos para comunidades costeras, infraestructura y actividades económicas sensibles al clima, como el turismo y la agricultura. Sin embargo, los especialistas insisten en que la disminución en la cantidad no implica ausencia de peligro.

La NOAA advierte en sus guías de preparación que “solo se necesita una tormenta para causar daños importantes”, recordando que incluso en temporadas menos activas pueden presentarse eventos intensos con alto impacto local. Por ello, las autoridades mantienen activos los sistemas de vigilancia y prevención.

El comportamiento de temporadas recientes evidencia la complejidad de estos fenómenos. En 2023, pese a la presencia de El Niño, se registraron 20 tormentas nombradas y siete huracanes, superando el promedio histórico. Este resultado se atribuyó principalmente a temperaturas récord en el océano Atlántico, que compensaron parcialmente los efectos inhibidores del fenómeno.

Según el canal meteorológico Fox Weather, “el récord de calor en la superficie del mar alimentó la formación de tormentas en un contexto atmosférico poco favorable”. Este antecedente refuerza la idea de que la actividad ciclónica depende de múltiples factores y no únicamente del fenómeno ENSO (El Niño-Oscilación del Sur).

Entre los elementos adicionales que influyen en la formación de huracanes destacan la temperatura superficial del mar, la humedad en la atmósfera, la presencia de polvo del Sahara y los patrones de circulación atmosférica, como el anticiclón de las Azores. La NOAA subraya que el análisis conjunto de estas variables permite mejorar la precisión de los pronósticos y fortalecer la preparación de las comunidades.

En cuanto a la evolución del fenómeno, el Climate Prediction Center (CPC) indicó que las condiciones actuales muestran un debilitamiento de La Niña, con una transición hacia una fase neutral en el corto plazo y el posible establecimiento de El Niño en el segundo semestre de 2026. El informe técnico señala: “Observamos una acumulación significativa de calor oceánico bajo la superficie del Pacífico tropical”, un indicador clave previo al desarrollo de este fenómeno.

Ante este panorama, las autoridades de la región han reforzado los sistemas de monitoreo y alerta temprana. El Centro Nacional de Huracanes (NHC) destacó que “el monitoreo constante es clave para mitigar el impacto de posibles eventos extremos”.

Foto de Infobae.

Para la población, el principal beneficio radica en la posible reducción de la actividad ciclónica, lo que podría disminuir la frecuencia de emergencias asociadas a tormentas. No obstante, expertos coinciden en que la preparación sigue siendo esencial, ya que la incertidumbre climática y la interacción de múltiples factores pueden modificar el comportamiento esperado de la temporada.

Con información de Infobae.

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