Milla Fronteriza, tierra de nadie. Reportaje Especial

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El Lugar donde no llegó la Navidad. La Milla Fronteriza con Nicaragua, El Campo de Pocosol, ese es es lugar donde testomoniamos que no llegó la navidad para tres familias que ni siquiera agua potable ni electricidad tienen.

Son historias de vida, de gente que quiso salir del Norte para en el Sur tener una vida mejor, pero que va, estar entre la Chicha y la Limonada no es una opción para nada afortunada.

Viaje complicado

Para llegar hasta ellos, nos metimos por San Antonio de Los Chiles. 30 kilómetros en una carretera que empieza de lastre y termina en congoja. Tramos aceptables, por otros de difícil maniobra por ser prácticamente una pista de jabón o de puro barro. Nos salvamos porque ese día no llovió, como si pasó el 23. Vehículos 4 x 4 lo adecuado, pero de viaje vimos motos y hasta automóviles. Nuestro vehículo oficial nos ayudó montones, por algo es, me ahorro el comercial porque no pagan pauta.

Eran las 7:30 de la noche del 24 de diciembre del 2020 cuando comenzamos el viaje que nos llevó a bordear varios ríos y cruzar puentes que francamente de día lo hubiéramos pensado dos o tres veces.

Nos acompaña Martín Chacón Cambronero, un finquero que tiene en la Milla Fronteriza su tierra donde siembra yuca, y frijoles. A él lo contactamos gracias a Xinia López, del Movimiento Rescate Nacional, a quien le solicitamos ayuda para dar con familias en condición de extrema pobreza.

Martín es un hombre demás de 60 años que renunció a su noche de navidad con los suyos para acompañarnos hasta ese lugar olvidado por todos. Llevaba en su bolso tamales para compartir con nosotros que nos preparó su esposa Doña Grace Guido Vázquez.

Finquero Milla Fronteriza
Martín nos llevó a él Lugar donde no llegó la navidad. / El Guardián

En la travesía habló de la raquítica condición social de la zona donde las opciones de empleo son jornal o con suerte ser seleccionado por un contratista para laborar en una finca Piñera con el sueldo que les de la gana.

La noche nos regala un cielo parcialmente despejado e iluminado con el foco de la luna en cuarto menguante insuficiente para notar el peligro de caer a pequeños precipicios si se descuida la conducción.

El Río Medio Queso, el Pocosol, y el Concho bañan con sus aguas la carretera que deja de ser de Los Chiles para convertirse en San Carlos donde se ubica nuestro destino.

A causa del estado del camino, hablamos de Gilbert Córdoba, Alcalde de San Carlos, y una leyenda negra que lo persigue por atribuírsele decir en algún momento sobre la conveniencia de lastrear caminos solo si hay votos y aquí parece no haber muchos.

Minutos antes, vimos a una familia al lado de la calle muy poco iluminada en un lugar que resultó ser Cóbano de Los Chiles. Nos paramos para saludarlos y preguntarles cualquier cosa para matar la ansiedad, mientras Taisigue García termina de encender un fogón para azar carne en la noche de navidad.

Tasigue García
Aquí todavía tienen la dicha de la electricidad. Foto El Guardián

Las casas están esparcidas a lo largo del camino que si cuenta con un poste de electricidad cada 500 metros pero la ansiedad nos tiene nerviosos por no saber como era aquel lugar por donde no pasa la Navidad.

Pasamos por un lugar muy particular, La Managüita por su cantidad de habitantes procedentes del país vecino.

De camino dos Amigos en carro pedían ayuda para llegar al caserío de Banderas, estaban perdidos en medio de la noche, igual que nuestra orientación.

Martín les pide que nos sigan y lo hicieron por kilómetros hasta desaparecer en un lugar donde había fiesta con música a todo volumen en los oídos y muchas cervezas en las manos. Nuestra mente intenta construir teorías conspirativas para entender una versión del porqué no nos siguieron.

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Yo manejaba y francamente por momentos me parecía una muy mala idea renunciar a celebrar mi navidad de lujos capitalinos para llegar a Dios sabe dónde.

Preguntamos por la Policía, y Martín nos dijo que de vez en cuando se ve una patrulla, aquella noche ni al día siguiente tuvimos suerte de ver presencia policial.

Martín nos cuenta como en una plantación de Teca un par de Nicaragüenses le quitaron la vida a un niño de 12 y dejaron medio muerto a su hermanito 9 por venganza contra el padre de las criaturas, un capataz de la zona. Huyeron y Martín nos dice que los agarró el ejército de Nicaragua que sin Ley los fusiló.

Entiendo que allí funciona La Ley de Herodes, o los chingas o te joden. No hay porque dudarlo, en kilómetros nada de nada. Si algo malo sucede te entierran a un lado en cualquier zanja o basta lanzar el cuerpo a los ríos y listo.

El Campo de Pocosol

Después de hora y media de manejar, Martín advierte que doblemos hacia la izquierda, mientras nos asegura que seguir directo nos permitiría cruzar hasta Nicaragua a unos dos kilómetros de distancia.

Llegamos hasta su finca, donde nos espera su capataz. No resistí la tentación de salir a observar la noche mágica llena de estrellas, por eso caminé en medio del frijolar hasta dejar atrás las bondades de la electricidad.

Usar zapatos de tecnología avanzada no nos iba a salvar del barreal adelante donde comenzaba el lugar que buscábamos.

De camino, en el Restaurante El Ferry, después de almorzar compramos arroz especial de la casa y un plato de chicharrones para compartir la cena navideña del equipo de trabajo.

Martín nos pidió dejar el carro para comenzar a caminar, mientras resonaba reguetón en casas vecinas de peones de apatriados en su celebración de Noche Buena endulzada por Guaro Cacique y una cerveza de lata no reconocida. Las mujeres están sentadas alrededor del fogón donde asaban carne.

No éramos Migración para pedirles cédula, pero nos enteramos que muchos nacieron allí pero como la canción de Facundo Cabral. “No soy de aquí, ni soy de allá”…

Eran pasadas las 10 de la noche, y mi camarógrafo Luis quedó atrapado en la primer trampa al cruzar por una cerca de púas donde por poco deja su masculinidad guindando al arquearse para cruzar y cortar camino por una finca y sin permiso del dueño. De lo contrario tocaba buscar trocha en medio de la oscuridad.

En ese momento ya sudábamos mares, y caminar era más difícil en medio de la oscuridad. Martín se adelantó para meterse por un trillo y buscar a Hortensia.

A un kilómetro nos abandonó la navidad para mostrarnos lo que buscábamos, el lugar por donde ni el invento gringo de Santa, ni el Niño Dios Latino, ni los Reyes Magos pasaron.

Nuestro equipo de iluminación alumbró una figura que poco a poco se convirtió en el rostro de la pobreza encarnada en mujer desdentada, adulta mayor, y protectora de su nieto ciego del Ojo derecho.

Aquella estructura le llamaba casa. Levantada de madera dura, piso de tierra, y latas viejas. Conversamos con ella que a esa hora ya dormía temprano como si quisiera huir de su pesadilla para despertar del mal sueño.

Mí nombre es…

Hortensia Marcelina Téllez Oporta es su nombre. Si sos xenófobo te recomiendo bajarte en esta parada literaria, antes de adentrarte en reproches nacionalistas. Repito, no éramos Migración y Extranjería para pedir cédula.

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Su atropellado lenguaje nos anunciaba una mujer sin educación, ni mayor abolengo, tan pobre y normal que en mi mente periodística empecé a cuestionarme como presentar la historia a un público mayormente entre 24 y 45 años, clase media, estudios secundarios completos y universitarios entre los cuales hay alguno que otro partidario del odio por nacionalidad.

Después su voz sincera, su figura maternal regordeta , o quizás el espíritu navideño me empujaron a ponerme en sus chancletas.

De pronto su historia era la de mi abuela Ángela que se había quedado con el Nieto cuando la Madre con todo el derecho buscó Nido.

Hortensia Pobreza
Sin identidad, ni nada que le de esperanza, pero muy amable.

La Viejita disparaba sus palabras mientras buscaba aprobación de Martín, una figura cotidiana para ayudarle a espantar el hambre de vez en cuando con algún diariesillo.

Nos dejó entrar para compartir la pobreza que duele, y entender esos benditos indicadores de pobreza de los científicos sociales que van desde el mentado Gini hasta un montón de apodos pomposos.

La pobreza es diferente aquí porque no solo son ingresos, son condiciones básicas para cualquier ser humano. Caminos, agua, luz, y comida. Aquí no hay nada de eso.

Era Navidad sin arbolito, ni Pesebre, ni regalos, y la cena navideña un pedazo de carne regalada por algún vecino y frijoles. Hasta encontramos la olla destapada.

No se confunda, nosotros no venimos aquí con el Sueño de Navidad. Esto es periodismo puro, y duro. Buscamos respuestas a la situación de la Milla Fronteriza y sus habitantes, apatriados a la suerte de la Nada, pero de camino encontramos el Lugar donde no llegó la Navidad.

Hortensia saca el agua de un pozo asqueroso, de color verde vomitada. Y sus necesidades las hace en escusado de hueco. Nadie se atrevería hacer maromas trepado encima de la letrina con la amenaza de caer allí. ¡Guácala!

Agua de pozo Milla
Sin agua ni luz. El agua la toman de este pozo.

Ella no sabe con exactitud cuántos años tiene ( o prefiere no decirlo), pero no menos de 70 y no más de 90 le calculé.

Su nieto sale alumbrado solo por su Ojo derecho, pues del izquierdo está ciego por completo. Es un mamulón pero confiesa no encuentra trabajo por su discapacidad visual.

Dice que quiere trabajar pero no hay donde, y tiene cuerpo para el campo, si no fuera ciego de un Ojo, por razones que ni el mismo entiende. Estoy seguro que eso se puede operar, pienso mientras sigo masticando la pobreza encarnada en aquellos personajes.

Cuando creo terminar, Martín me ofrece más evidencias de pobreza extrema y hedionda a olvido. Más barreal, más oscuridad.

Tica-milla-fronteriza
Leticia es madre de seis. Esa noche buena comieron arroz y frijoles.

Un potrero nos permite llegar hasta la casa de Leticia Carla Sánchez Castillo, cédula costarricense y madre de seis. Sí, leyó bien, Madre de seis de padres diferentes que prometen de todo a cambio del placer de un rincón cálido y promesas vacías. Aquí le recuerdo el Evangelio de San Juan por aquello de tirar la primera piedra.

Si no sos Xenófobo y llegaste hasta aquí te preguntarás cómo yo, ¿porqué una mujer costarricense sola con seis hijos no ha sido operada?. Leticia nos dijo que algo le mencionaron en el Hospital de Los Chiles, pero sospecho que ella cree que su Amor Verdadero querrá hijos.

No usa tacones, usa botas de hule para salir a recibirnos. Nos deja entrar a su casa de madera. Una sola cama para tanta gente. Apiñados también esperan despertar algún día de su pesadilla y amanecer con la Sorpresa de que Santa se perdía de camino para llegar a sus casas.

Martín está decidido a convencernos con más pruebas de que la pobreza al menos tiene su casa de verano allí en el Campo de Pocosol, que por cierto le debe su nombre al Campo de Aterrizaje que Aviación Civil tiene abandonado.

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Isolina 71
Nunca dejó de ser amable, Isolina.

A sus 71 años, Isolina sale a la puerta a recibirnos con un acento marcadamente Nica por costumbre, pero vive allí desde que tenía sus dulces 16.

En su casa conviven 18 seres humanos, y volvemos a recordarles que no somos migración ni pedimos cédula, pero si viven en tierras costarricenses, un país que presume estar entre los países de la OCDE.

Medio dormidos salen cerca de la medianoche a recibirnos. Un bombillo alumbra su noche. La corriente se la regala un finquero vecino, pero solo un bombillo para que la Doña no se caiga tanto en el patio.

Varios son costarricenses apatriados, nuevamente como lo cantaba Facundo. No tienen plata para viajar a los Chiles arreglar su condición migratoria, ni tampoco Migración tiene la intención de llegar hasta ellos para poner orden.

La Doña nos dice sin rencores que la cena navideña fue arroz pelado para todos para acostarse a dormir temprano, y quién sabe si a la puerta llegaría algún buen Samaritano. No me vea a mí, nosotros somos simples espectadores que conmovidos recuerdan aquella comida que compramos en El Ferry. Teníamos algo para ofrecerles, por eso les pedimos devolverse con nosotros para que al día siguiente mezclarán el arroz pelado con cantonés y chicharrones.

Aquí se nos olvidó que no éramos el Sueño de Navidad, y buscamos entre todo lo que traíamos para dejárselos. Sonará cursi pero ese bendito espíritu de la Navidad viajó con nosotros todo el tiempo y no lo sabíamos. Ni vamos a jugar de locos ni guapos, nosotros llevamos la Navidad, no por voluntad propia, fuimos escogidos y punto. Porque la Navidad es esperanza y eso les llevamos, nada más.

En realidad éramos los mensajeros de buenas muevas sin saberlo hasta ese momento. Para nuestra sorpresa, aquello de la Ley de la Siembra y la Cosecha fue automática. Tatiana, la esposa de José, el Capataz, nos salió con uno de los mejores arroz con pollo que me he comido. No era vino lo que lo acompañaba, era un vaso de café negro y sin natuvia como lo acostumbro.

Cédula tica Milla Fronteriza
Hay muchos con cédula tica, pero olvidados.

Usted dirá, pobreza hay en cualquier lado, pero esa pobreza en particular es dura. En invierno llevar los Niños a la escuela es imposible por los barreales. No hay luz que ilumine la noche de sus incertidumbres, ni agua potable para saciar sus sed de justicia social, esa palabra tan prostituida hoy en día.

¡Que son puros Nicas! No es correcto, hay entre ellos apatriados (gente sin nacionalidad) y ticos. Entre ellos Tatiana quién tiene acta de nacimiento en Costa Rica y testigos, pero que no ha podido obtener su cédula costarricense. Ella tiene un talento natural al convertir literalmente piedras en obras de arte.

Piedras arte
Piedras decoradas realizadas por Tatiana.

Tal parece que por aquí no solo no llega Santa. No llega ni el INAMU, ni el Ministerio de Trabajo, ni una institución costarricense para ejercer la soberanía en los ciudadanos de esta franja fronteriza por donde alguna vez Epsy Campbell, la nombrada “Gobernadora” o “Virreina” , presumió control absoluto.

Esta literalmente es tierra de nadie donde como dice el dicho, en Río revuelto ganancia de Piñeros, empresarios que aprovechan la falta de todo para hacer su voluntad en la Tierra como más allá.

Nos faltan caracteres para describir lo que sentimos, pero volveremos. Espere reportaje especial audiovisual en nuestro canal de Youtube y su programa Políticamente Incorrecto.

Sanitario de hueco
Servicio de hueco para las necesidades.

Richard Molina Mesen

Periodista y Productor Audiovisual, con más de 25 años de experiencia. Director de Elguardian.cr

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