Uno de los diez lugares para conocer antes de morir está en Costa Rica y pocos lo conocen. Olán de Buenos Aires

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Es tierra de valientes, aquellos que en el año 1969 enfrentaron al Tigre y la montaña para encontrarse su pedacito de cielo.  Justo donde un inglés decidió arraigar una de las diez estructuras consideradas en el ranking de verlas antes de morir.

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Para llegar a Olán se requiere de buena nalga para enfrentar un camino de lastre.  Un viaje de 28 kilómetros en el taxi de carga de Don Hugo nos ocupó casi dos horas hipnotizados por las imágenes de la Cordillera de Talamanca.  Todo comienza en Buenos Aires, zona caliente y generosa, que por un capricho político terminó siendo parte de Puntarenas a pesar de la enorme distancia que los separa. De hecho se llega desde San José por Pérez Zeledón, a 55 kilómetros del cantón generaleño.

El Grupo de Biocaminatas, comandado por Lorena Vargas, viajaba feliz encima de los maletines.  Los “menos afortunados” en la cabina al lado de Don Hugo que concentrado apretada el volante para no perder la dirección.

“Ojo con la Ramona”, deciamos ante la inminente aparición por sorpresa de una rama que estaba dispuesta a gorrearse a cualquiera en el cajón.

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www.Elguardian.cr.  Al fondo la Cordillera de Talamanca.

De pronto, el calor abrazador se marcha a toda prisa, para darle campo a un frío riquísimo que nos hace pensar en café.  La lluvia comenzó a insinurse cual coqueta, suficiente para la atenta decisión del conductor, Hugo detuvo la marcha para entregarnos un manteado y así cubrir el equipaje, además de protegerse de la helada.

Lilly no soportó más viajar de pie, venía pegada de la gripe, pero aquella mujer fuerte, Juez de la República alguna vez, decidió acurrucarse y así soportar.  Yuly “La Colochuda” a su lado intentaba estirar las piernas, mientras el grandote de Ronald ocupó campo a sus anchas.  Alfredo era el más incómodo por la posición que le tocó en el cajón, sin embargo el “Macho Alfa” no protestaba y disimulaba la mueca con una sonrisa “frescapil”.  El héroe de la jornada apareció de pronto, a sus 74 años, acompañado por su hija Glenda, Carlos Seas no se arrugaba, como si fuera ampliación de su camisa Columbia que tampoco se arruga.  El Hombre aguantó de pie todo el viaje, sin chistar, sin decir ésta boca es mía.  Sentí verguenza, un septogenario con la fuerza mental de un guila, de hecho en sus ojos brillaba la ilusión de la niñez que nunca lo abandonado, después sería mi compañero de cuarto y de viaje.

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www.Elguardian.cr.  Camino a Olán.

La salvada fue para el hijo de mi mama, acomodado en la maleta, apretado por las nalgas prodigiosas de Lorena.  Al frente, Carlos y “La Macha” Agne jugueteaban entre un plástico negro con el que se cubrían para provocar la risa maliciosa del resto de nosotros.   Klever y Ximena agarrados como “Monos” en Ventolero para no salir despedidos por si acaso caía el carro en un hueco.  Andrea, Gabriela, María Fernanda y Heidi completaban el grupo.

Así fue como llegamos a Olán, un paraíso perdido que solo conocen los afortunados como Chico “Toringo”, uno de los que partió montaña hace más de 49 años, cuando apretado por las tres crias y una mujer decidió buscar tierra más allá de sus uñas.

Con él volamos lengua largas horas y nos permitió compartir su casa.  Un castillo dirigido por su esposa Doña Bety y sus hijas, responsables de recibirnos con un plato de arroz, frijoles, y picadillo de papaya, delicioso como todo el menú que nos dieron en los tres días.  Era el campamento base para plantear los tres objetivos; conocer la Capilla en las Nubes, ascender el Cerro Utyum, o el arbolado.  Yo quería ascender hasta los más de tres mil metros, uno de los 50 techos de Costa Rica. No iba a pasar por mi inexperiencia y un gripón que me dejó con miedo a sufrir una recaída.  Tocó azar carne, lomo de aguja, y tomar vino tinto en el albergue.

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www.Elguardian.cr.  Capilla en Las Nubes. Olán de Buenos Aires.

RELATO DE LORENA VARGAS

No tardamos en conocer a Omar Zúñiga, quien goza de la salud de un mozo consquistador de cumbres, quien baja y sube a diario por esas pendientes, y también conocimos a su amigo personal Wilberth y a su primo Keylor, colaboradores de confianza, quienes nos guiaron parte de los distintos recorridos con respeto, esmero y una sencillez encantadora.

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La curiosidad nos embargaba por conocer la Capilla en Las Nubes, propiedad de un inglés, quien desde hace 7 años vive allí y construyó en pura madera y piedra un jardín hermoso con una controversial capilla, que más que espiritual, es una obra de arte que envuelve un simbolismo de protesta. Una idelogía personal reflejada en los tantos rótulos que exhibe, muchos de los cuales omitimos publicar por respeto a la diversidad de ideologías y creencias de nuestros biocaminantes. Una maravilla arquitectónica enclavada en las montañas de Olán, la cual permite bodas modestas para un número de personas muy limitado. Un sitio abierto al público, siempre y cuando no perturbe el silencio con expresiones religiosas elocuentes.

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www.Elguardian.cr.  Jardines de Capilla En las Nubes.

Visitamos también una finca que había preparado una tanda de dulce de tapa en su trapiche artesanal, un pellizco de dulce para la energía delicioso y una mini tapa de regalito para cada uno de recuerdo.

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www.Elguardian.cr.  Rica tapa de dulce.

La primera noche en cabañas de madera muy rústicas sobre colchonetas y el acostumbrado maletero que solemos llevar. A madrugar nuevamente el segundo día para despedir a 5 valientes campistas que con Keylor y Omar se disponían a subir al cerro Utyum. Y el resto de valientes, no dispuestos a cargar peso en su espalda, seguimos a Wilberth por el sendero que divide la reserva Salitre de la reserva Dúrika hasta la cumbre del cerro Arbolado, pasando al pie del cerro Kaí. Esplenderosos paisajes de ensueño, de montañas unas boscosas y otras completamente deforestadas sin ni siquiera pasto para ganado desgastándose por la erosión ante nuestros ojos.

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A nuestro paso, un jardín de orquídeas y otras flores, de robledales milenarios, de semillas, de helechos, líquenes y hongos de colores arrullados por el canto de las aves. Un ascenso fuerte de 7 km y la vuelta por el mismo recorrido para ser compensados con una almuercito campesino envuelto en hojas de plátano como un tamal, cerro Arbolado a 2.650 msnm. Un poco de intercambio con el grupo del Club de montañismo de la UCR, quienes intentaron Utyum un día antes que nuestro equipo y por lo técnico del terreno tampoco lograron llegar. Ambos grupos hicieron cumbre en el cerro Hakú (2.702 msnm), guiados por Omar Omar Zuniga. Una experiencia de camping en alta montaña a casi 3.000 msnm para nunca olvidar, misma que merece un album aparte.
Muchas historias con cabos sin atar, un misterio envuelve estos pueblos que luchan evidentemente por tener un lugar en su país, por salir adelante aún en medio de tanta incertidumbre que viven aquellos en las reservas indígenas declaradas de Costa Rica. Gracias por acogernos Olán.

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