¿A qué edad regresa la felicidad que se siente en la juventud?

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Para algunos la felicidad es sentirte bien y en armonía, mientras que para otros se trata de obtener todo lo que desean tanto material como sentimental, pero ¿qué es realmente?

“Hay tantas definiciones de felicidad como personas pretenden acercarse a ella. La más generalizada podría ser la de ese estado tan deseable en el que uno tiene la capacidad de liberarse de miedos y barreras innecesarias y avanzar hacia la consecución de objetivos diarios y metas en la vida”, explica Ana Villarrubia, directora del Centro de Psicología Aprende A Escucharte y autora del libro Borrón y cuenta nueva.

Sin importar lo que la felicidad signifique para cada persona, es vital encontrarla en cualquier edad, sobre todo cuando tengamos más años.

Durante la tercera edad se suele presentar depresión que a su vez deriva en otros problemas de salud; sin embargo, esta edad también es una de las etapas donde mayor felicidad se tiene, según revela un estudio.

Una investigación realizada por Andrew Oswald, profesor de Economía y Ciencias del Comportamiento de la Universidad de Warwick en el Reino Unido, afirma que conforme vamos envejeciendo somos más felices porque tenemos mayores grados de experiencia y madurez.

“En etapas más inmaduras, la felicidad se confunde con la satisfacción inmediata, ya que nuestra corta trayectoria de vida y la forma en la que procesamos la información nos impide pensar más allá”, explica Oswald.

La crisis de los 40

Ser feliz conforme cumplimos años, puede ser complicado para algunos, sobre todo cuando se tienen 40 años.

“Pasamos la mayor parte del tiempo centrados en el mañana: trabajando e invirtiendo esfuerzos en asegurar que lo que está por venir será eso que tanto deseamos”, detalla Villarrubia.

Es por esta obsesión de formar un futuro prometedor que surge la crisis de los 40, una condición que es ampliamente reconocida por la psicología.

“El malestar mental tiende a alcanzar su cenit cuando tenemos cuarenta y pico años, la etapa más determinante de nuestra carrera y en la que lidiamos con miles de cosas a la vez, como prosperar económicamente, proveer a los hijos o incluso comenzar a cuidar a unos padres mayores”, indica Daniela Pittman, profesora de psicología del Instituto de Empresa y fundadora de The Happiness Seminar.

La especialista agrega que a esta crisis, se le deben de sumar otros aspectos físicos, por ejemplo, la pérdida del atractivo juvenil e incluso la etapa de la menopausia en la mujer.

“Todo ello justifica que con la medianía de edad también se alcancen los mayores índices de depresión y ansiedad”, dice.

Añade que estos factores son los que permiten ser feliz a los 20 o 30 años, pues en esa edad no se padecen.

“Sentimos que podemos comernos el mundo y aún estamos a tiempo de explorar e incluso de cambiar de carrera si no nos satisface, hecho harto complicado a los cuarenta y tantos años, cuando, muy habitualmente, uno tiene una familia a la que mantener”, dice.

La felicidad de juventud regresa

Sin embargo, esta fase dura usualmente hasta los 50 años. Después de esa edad, la vida se ve con otra mirada donde aprendemos a distinguir entre la aceptación y la resignación.

“Mientras que en la resignación existe tristeza, abatimiento o melancolía, en la primera (aceptación) hay un cierto grado de satisfacción”, indica Villarrubia.

Añade que después de los 50 somos más conscientes de las cosas que realmente son importantes y dejamos de preocuparnos por las insignificantes.

Además de esto, hay otras cinco razones por la que la felicidad que se sentía en la juventud, vuelve a presentarse en la vejez.

Tranquilizas la ansiedad e impaciencia

“Con la edad no sentiremos haber perdido fuerzas, sino que sabemos aprovecharlas al máximo y con sentido común”, aclara Villarrubia.

Distingues entre lo realmente importante

Al cruzar los 50 o hasta los 60 años, se alcanza un sosiego y perspectiva con la que sólo cobran importancia las cosas que realmente lo valen.

Revitalizas los problemas

Una vez que logres identificar y tolerar tus emociones, podrás relativizar los problemas de forma más sencilla, además de que eliminarás el riesgo de asumir responsabilidades.

No eres tan exigente contigo mismo

A los 40 se tiene una lista de las expectativas e ilusiones sobre el futuro que debes cumplir, lo que produce la crisis de la mediana edad.

Después de los 50, somos más benevolentes con nosotros mismos y nos perdonamos por no haber conseguido algunas metas.

No eres enemigo de la rutina

Comúnmente asociamos la rutina con algo malo, cuando realmente es que ésta sólo nos perjudica cuando nos atrapa y se vuelve rígida.

Al envejecer, nos volvemos prácticos y apreciamos cada vez más poder predecir lo que va a ocurrir.

“Rara vez somos conscientes de estar experimentando momentos de felicidad, y en cambio lamentamos el momento en que nos falta”, concluye Pittman.

(Con información de El País)